jueves, agosto 31

Sobre la perversion del Gran Sistema I - El Empleado de Atencion al Publico

SOCIEDAD

Lo terrible del Sistema es que su código está organizado de forma tan perfecta, tan perversa, que cada milijoul de energía destructiva se dirige con toda precisión hacia los más débiles: El odio que se genera y se acumula entre los ciudadanos comunes, por ejemplo, es organizado por los engranajes del Sistema de manera tal que se dirija hacia los más inocentes, manteniendo casi completamente a salvo a los responsables. Por otra parte, tampoco hay responsables directos ya que todo integrante del Sistema es una víctima de algún otro mecanismo del Sistema. Los artistas, que acaso podrían ser considerados de los menos perjudicados por haber logrado escapar del costado oficinesco del Sistema y por gozar del costado viajero, sufren tormentos espirituales a causa de su enorme diferencia de actitud con el resto de los mortales.

En cuanto al aspecto social, por ejemplo, tenemos que los ciudadanos ignorantes y los de derecha dirigen su miedo cotidiano hacia los más pobres y desprotegidos, a quienes prefieren marginar o matar para saciar sus temores; mientras que los integrantes de la clase media, impotentes frente a la prepotencia de las multinacionales, sólo pueden descargar su ira contra los pobres empleados, ya que los máximos responsables de las organizaciones permanecen a salvo en sus búnkers, claro que no a salvo por completo, ya que nadie está a salvo, sino que la diferencia de actitud los hace ser amenazados por peligros cada vez más grandes e inciertos. Nadie está a salvo.

Hoy veremos el caso del Empleado de Atención al Público:

Todo empleado de Atención al Público de las Multinacionales cumple 3 condiciones esenciales que lo hacen idóneo para ser impenetrable frente a los reclamos del público: 1. su coeficiente intelectual y su afán de superación no son de los los más altos de su generación, quienes son rápidamente absorbidos por condenas equivalentes en puestos ejecutivos de altos pisos espejados, donde respiran aires acondicionados enrarecidos en un ambiente gris con compañeros ambiciosos, sobre una alfombra con ácaros que los devorarán en forma de una alergia que el médico de la compañía jamás conseguirá curar. En cambio el empleado público, punto 1, no es tan inteligente. Punto 2, las condiciones de su trabajo le dificultan tener una perspectiva clara de las famosas “necesidades” de los clientes, ni un mínimo interés, y su salario es paupérrimo y la presión de los "supervisores" le impide concentrarse en forma adecuada, y punto 3, además de las múltiples tareas que se acostumbró a realizar al mismo tiempo que las computadoras aprendían a realizar más tareas al mismo tiempo, tiene abiertas dos ventanas de chat en las que mantiene sendos monótonos diálogos con una amiga y un chico que le gusta. En esas condiciones es imposible solucionar problemas, y en cambio se van minando las intenciones de los usuarios de encontrar una solución a sus reclamos.

No hay comentarios.: