martes, julio 19

De la atencion a la sugestion

LA MENTE

No sé si algún filósofo lo dijo ya, porque no he leido a ninguno, pero seguramente muchos ya dijeron algo parecido. Me refiero al hecho de que somos (al menos en un primer instante) todo aquello a lo que le prestamos atención.

En el primer momento en que observamos algo, nada nos separa de ese objeto: somos uno con él. Y no sólo eso, sino que para nosotros ese objeto se convierte en la totalidad del mundo, la Verdad y la Realidad únicas. Recién unas décimas de segundo más tarde nuestro cerebro consigue brindarnos una ilusión de separación, mediante el mecanismo de recordar quién se supone que somos y de ir calificando a todo lo demás como "externo". Esto ocurre a razón de treinta a sesenta veces por minuto, aunque solemos percibir concientemente sólo los últimos ciclos (ejecutados por la corteza cerebral) como un continuo, sin recordar los momentos de identificación.

Hasta el más natural de nuestros diálogos es por naturaleza hipnótico, ya que en el primer momento, todo lo que decimos se transforma en una orden para el que nos escucha, que recién unas décimas de segundo más tarde consigue poner en perspectiva nuestras palabras y asignarlas a una entidad externa. Y así es como funciona la sugestión hipnótica, que básicamente consiste en reforzar el momento en que se pronuncian las sentencias (para exaltar su sentido inicial de realidad absoluta e inobjetable) y de bloquear de alguna manera, o mantener adormecida de antemano, toda la maquinaria mental encargada de producir la subsiguiente separación.

Este mismo fenómeno es experimentado por los bebés (que al principio de su existencia no diferencian entre sí mismos y el entorno, mientras van recibiendo de boca de los otros su propia identificación: "bebé", "popotoputi", "puchicho", "ranita loca", etcétera) y también por ciertos psicóticos que están convencidos de que tanto la radio, como la televisión como las letras de las canciones están dirigidas exclusivamente a ellos.

Por último, cabría aquí recordar la novela El caballero inexistente, de Italo Calvino, en la cual aparece un caballero que no existe pero que tiene una personalidad definida, y otro caballero que sí existe pero que, al carecer de personalidad propia, vive identificándose con los objetos que lo rodean. Sí, a Zelig, de Woody Allen le ocurre algo parecido. ¿Y qué?

Norberto Laponislavsky, psiquiatra esquizofrénico

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