lunes, julio 18

Imagina

LA MENTE

Hay por lo menos dos tipos de Imaginación muy diferentes: la Controlada, que es la que manejamos concientemente, y la Animada, que parece tener vida propia y no requiere de nuestro esfuerzo. La primera, si la miramos bien, veremos que es rudimentaria, lenta y algo endeble, y la segunda... pues no tiene ningún tipo de límites, pero tampoco nos pertenece enteramente.

El mejor momento para diferenciar ambos tipos de imaginación es cuando transitamos la frontera entre el sueño y la vigilia (frontera que es mucho más maleable de lo que parece). Cuando nos acostamos a dormir, antes de que llegue el sueño, mientras nos vamos relajando, si al mismo tiempo prestamos atención, en algún momento notaremos que una figura empieza a cobrar consistencia en la pantalla negra de nuestra mente, y lo hace con vida propia, sin necesidad de esfuerzo por nuestra parte; mejor dicho, y paradójicamente, el único esfuerzo que debemos hacer es mantenernos relajados: cuanto más consigamos aflojar el control de nuestra propia mente, más lo irá ganando el otro lado del mundo, que comenzará a proyectar sobre nuestra pantalla sus personajes animados, como si fueran externos a nosotros.

Es en ese valioso instante intermedio entre el sueño y la vigilia cuando podemos empezar a relacionarnos con ese otro lado del mundo, aquel de donde vienen no sólo los sueños sino la imaginación, las ideas y la locura. Todo se trata de esperar ese momento en el que vemos surgir a la imaginación animada y aplicar entonces ligeros impulsos de imaginación controlada para intervenir en ella. Cada uno podrá desarrollar sus propios métodos para encontrar la forma de ir aplicando su voluntad en el terreno de la imaginación animada. Algunos hombres y mujeres son capaces de abolir por momentos la frontera del sueño para vivir en ambos territorios al mismo tiempo; otros aprendieron la manera de ir de uno a otro lado a voluntad. Es el caso de ciertos brujos y de ciertos artistas, que dejan surgir su imaginación viva mientras con la otra alcanzan aunque sea a describirla, lo cual ya es unmérito notable.

Hay quienes dicen que de mediante la práctica de sumergirse en otros mundos (y con años o quizás siglos de práctica) la Humanidad podría llegar a crear un submundo consensuado dentro del ámbito de la imaginación animada, un mundo a través del cual podamos viajar y encontrarnos sin necesidad de utilizar nuestros cuerpos físicos. Prácticamente lo mismo que hoy nos ofrece Internet, después de todo, con la única ventaja de que no requeriría corriente eléctrica, ni cables, ni satélites, ni dinero: sólo con el poder de nuestra mente, más un mecanismo de consenso a desarrollar. Los que proclaman esta posibilidad suelen ser atacados, curiosamente, por los artistas. Es que, si todos los habitantes tuvieran acceso al Otro Lado, tal vez el Arte ya no tendría tanta razón de ser como la tiene ahora que la gente permanece ciega, ya que entonces todos dejarían de ser sujetos, individuos o ciudadanos para transformarse en Artistas y Creadores de su propio devenir.

Lao Me Chin, de Chiu Me Kang, en exclusiva para Reportes del Eter Traducción de Chiao Li Ming

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